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La nueva realidad hídrica de la minería: Cómo se está abordando los impactos del cambio climático en el agua

Publicado hace 1 hora

La nueva realidad hídrica de la minería: Cómo se está abordando los impactos del cambio climático en el agua

Los cambios en los patrones climáticos están transformando la hidrología, lo que conduce a análisis más complejos y a estándares de diseño en evolución.

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Nos guste o no, el cambio climático está alterando de manera fundamental cómo, cuándo y dónde se mueve el agua, generando nuevas incertidumbres y redefiniendo los perfiles de riesgo a lo largo de todo del ciclo de vida en la minería.

Un escenario de riesgo con múltiples capas

A medida que la variabilidad hídrica impulsada por el clima se vuelve más aguda, los propietarios y operadores de minas están reconociendo que sus riesgos ahora son más complejos e interconectados.

El aumento en los caudales máximos está intensificando la erosión y el transporte de sedimentos. Esto genera nuevos riesgos para la infraestructura minera, ya que los sistemas de drenaje, canales de desvío y depósitos de relaves están siendo sometidos a condiciones no previstas. Además, los flujos más intensos y las tormentas incrementan la probabilidad de caminos arrasados, alcantarillas dañadas e inestabilidad de taludes. Corredores de acceso antes confiables pueden transformarse en puntos vulnerables.

El cambio climático está afectando a los componentes de la criosfera, produciendo un aumento de las precipitaciones debido a la elevación de la línea de nieve y una menor disponibilidad de agua asociada al retroceso glaciar. Los mayores riesgos de marejadas también pueden afectar actividades en puertos, plantas desalinizadoras, etc.

Las operaciones mineras también se están viendo severamente afectadas. Tanto el exceso como la escasez de agua crean riesgos operativos. Muy poca agua puede limitar el procesamiento. Demasiada agua puede sobrecargar los sistemas de contención, reducir la capacidad de almacenamiento e interrumpir la producción. Al mismo tiempo, la variabilidad en los caudales puede afectar el desagüe, la estabilidad de los pozos, el rendimiento del procesamiento y el cumplimiento de estándares ambientales. Un solo evento extremo de lluvia puede alterar la logística, retrasar la producción y aumentar los desafíos operativos y los costos de mantenimiento.

Por supuesto, los sistemas hídricos no comienzan ni terminan en los límites de la mina. Las cuencas hidrográficas son sistemas vivos con flujos ecosistémicos naturales, y cualquier cambio en el uso del suelo puede generar múltiples impactos interconectados dentro del sistema socioecológico. La reducción de caudales puede intensificar la competencia por el agua. Las inundaciones pueden afectar asentamientos que dependen de patrones estacionales predecibles. Las fallas en la infraestructura pueden provocar resultados socioeconómicos significativos y catastróficos, ya que las operaciones de relaves son llevadas al límite y los sistemas de drenaje envejecidos se ven desbordados.

No es de extrañar que la resiliencia climática, la seguridad hídrica y el impacto en la comunidad estén pasando a primer plano en los procesos de concesión de permisos. En muchos mercados, los reguladores quieren que los propietarios de minas vayan más allá de demostrar simplemente la seguridad operativa: los proponentes también deben mostrar cómo se comportarán los proyectos bajo futuros escenarios climáticos. Las proyecciones de caudales, las evaluaciones de captación de aguas en cabeceras y los análisis de la seguridad hídrica a largo plazo se están convirtiendo en expectativas estándar. Los reguladores esperan ver planes de cierre responsables que demuestren que los sitios permanecerán estables bajo condiciones climáticas en evolución.

Adoptando una visión integrada del agua a lo largo del ciclo de vida

En esta realidad que cambia rápidamente, los propietarios y los ingenieros de minas ya no pueden depender de enfoques tradicionales para el diseño y las operaciones mineras. Se necesita un enfoque centrado en cumplir con los estándares globales y los avances científicos actuales, ya que las regulaciones nacionales y los procesos de permisos a menudo van por detrás.

La gestión proactiva de riesgos interconectados requiere un pensamiento integral y holístico sobre los activos y las operaciones. Esto significa considerar todo el ciclo de vida, desde los estudios de factibilidad iniciales, pasando por las operaciones, hasta el cierre y la gestión posterior al cierre. Las decisiones tomadas durante la planificación influirán significativamente en la exposición al riesgo durante toda la vida útil de la mina. Las elecciones de diseño, la capacidad de almacenamiento, los patrones de drenaje y la ubicación de la infraestructura pueden mejorar la resiliencia o, por el contrario, incorporar vulnerabilidades.

Pensar de manera integrada también implica considerar la influencia en la cuenca hidrográfica más amplia. La dinámica de la cuenca, los usuarios aguas abajo, los sistemas ecológicos y las tendencias climáticas a largo plazo deben formar parte de la ecuación. Las proyecciones climáticas deben integrarse con evaluaciones de impacto socioambiental, y los diseños deben alinearse con las expectativas y planes de las comunidades.

Las opciones de adaptación deben evaluarse de manera sistemática. Las soluciones basadas en la naturaleza —como humedales restaurados o zonas de infiltración mejoradas— pueden proporcionar capacidad de amortiguación. Mejores diseños del sitio pueden reducir la erosión y la exposición a inundaciones. Los estándares de infraestructura resiliente pueden acomodar extremos climáticos futuros.

Sin embargo, resiliencia no significa sobredimensionar: el objetivo no es “sobreproteger” o gastar de más frente a extremos hipotéticos. Se trata de comprender el rango de riesgos plausibles para tomar decisiones informadas y rentables. Tener claridad sobre los riesgos permite respuestas proporcionales e inversiones de capital inteligentes.

Consideraciones clave para gestionar los riesgos hídricos

Nuestra experiencia sugiere que existen varios pasos que las organizaciones pueden tomar para asegurar un enfoque práctico y estructurado ante los riesgos hídricos en evolución.

  1. Realizar evaluaciones de riesgos climático: Las evaluaciones de riesgo climático ya son obligatorias en muchas jurisdicciones. Estas deben actualizarse regularmente, particularmente a medida que el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) publica nuevos hallazgos. Cada nuevo ciclo de evaluación mejora las proyecciones y ofrece mayor claridad regional sobre precipitación, temperatura y eventos extremos.
  2. Ir más allá del balance hídrico: La información de las evaluaciones de riesgo climático debe integrarse en el balance hídrico de la mina y en los análisis de sensibilidad para reflejar los riesgos, la disponibilidad y el uso del agua a lo largo del tiempo. La modelación basada en escenarios permite a las empresas evaluar la resiliencia de sus operaciones frente a múltiples condiciones climáticas futuras, incluidas situaciones extremas de humedad o sequía. Esto brinda mayor visibilidad sobre umbrales, puntos de falla y necesidades de mitigación.
  3. Implementar monitoreo continuo: Un monitoreo más frecuente de indicadores hidrológicos y climáticos, basado en datos de alta calidad, permite detectar cambios de manera temprana. Los marcos y planes de gestión adaptativa permiten a los operadores ajustarse conforme evolucionan las condiciones, en lugar de reaccionar después de que los impactos se materializan.
  4. Mapear impactos e interdependencias: Visualizar cómo los cambios en el agua impulsados por el clima afectan la infraestructura, las comunidades, los modelos financieros y los sistemas ambientales ayuda a identificar puntos críticos de riesgo. Este tipo de mapeo ayuda a determinar y aclarar dónde las intervenciones pueden ofrecer el mayor beneficio y retorno sobre la inversión.
  5. Adoptar un enfoque proactivo: Las evaluaciones de ciclo de vida respaldan la adaptación proactiva para reducir la responsabilidad y los costos a largo plazo. La inversión temprana en resiliencia puede evitar costosas remodelaciones o complicaciones regulatorias en el futuro. Las inversiones preventivas frente a las reactivas también ayudan a cumplir compromisos globales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Además, la interacción temprana con comunidades y partes interesadas para establecer metas de agua y buenas prácticas de gobernanza y gestión reduce riesgos y posibles conflictos.

Cómo Ausenco puede ayudar

Ausenco ayuda a sus clientes a gestionar los riesgos hídricos impulsados por el cambio climático a lo largo de todo el ciclo de vida de la mina mediante soluciones integradas y multidisciplinarias. Nuestros equipos combinan proyecciones de cambio climático, mapeo de riesgos climáticos, modelación de balance hídrico, planificación minera, diseño de infraestructura, ingeniería, análisis financiero, gestión ambiental y experiencia socioeconómica. Al integrar estos conocimientos, ayudamos a nuestros clientes a asegurar que las consideraciones climáticas estén incorporadas en la planificación, el diseño, la construcción y las operaciones, y no tratadas como un aspecto secundario o gestionadas de manera aislada.

Para nuestros clientes, esto significa una filosofía de diseño unificada que reduce riesgos en lugar de generar aportes fragmentados. Y al poner sus objetivos en el centro de nuestro enfoque, los ayudamos a cuantificar las implicaciones de gasto de capital y operativo asociadas a las estrategias de adaptación y decisiones de diseño, permitiéndoles tomar decisiones informadas alineadas con la economía del proyecto.

Los beneficios de actuar con temprano

Nuestro enfoque proactivo e integrado sobre el riesgo hídrico ofrece una variedad de ventajas:

  • Menor exposición general al riesgo y reducción de los costos durante la vida útil del proyecto.
  • Mayor resiliencia frente a la incertidumbre regulatoria y climática
  • Reducción de la responsabilidad por impactos aguas abajo y problemas ambientales a largo plazo
  • Creación de valor compartido con las partes interesadas y los titulares de derechos indígenas mediante una gestión responsable de las cuencas hidrográficas
  • Más opciones en el momento del cierre, incluidas oportunidades de reutilización beneficiosa.

 

Está claro que el cambio climático está reescribiendo los supuestos que antes sustentaban la gestión del agua en la minería. Las organizaciones que reconozcan este cambio y respondan con estrategias integradas y enfocadas en el ciclo de vida estarán mejor posicionadas para gestionar la incertidumbre, reducir su exposición, proteger el valor y construir operaciones resilientes en un mundo cambiante.

Fuente: Tecnología Minera

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