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Minería y agua desalinizada: costos ocultos y desafíos operativos reales

Publicado hace 1 hora

Minería y agua desalinizada: costos ocultos y desafíos operativos reales

Análisis técnico sobre el uso de agua desalinizada en minería: costos energéticos, impactos operativos, desafíos metalúrgicos y riesgos más allá del discurso “verde”.

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Minería y agua desalinizada: costos ocultos y desafíos operativos más allá del discurso “verde”

La incorporación de agua desalinizada en la minería se ha posicionado como una solución estratégica frente al estrés hídrico, especialmente en regiones áridas y costeras. Sin embargo, detrás de su narrativa como alternativa “sustentable” y socialmente responsable, existen costos técnicos, energéticos y operativos que impactan directamente en la viabilidad económica y el desempeño integral de los proyectos mineros. Analizar la desalinización más allá del discurso ambiental resulta clave para comprender su verdadero alcance en la cadena de valor minera.

Uno de los principales desafíos estructurales de la desalinización es su alta intensidad energética. Los sistemas de ósmosis inversa, ampliamente utilizados en minería, requieren grandes consumos eléctricos para vencer la presión osmótica del agua de mar. En operaciones de gran escala, el costo energético puede representar entre el 35 % y 50 % del costo total del agua desalinizada, generando una dependencia crítica de la estabilidad del suministro eléctrico y del precio de la energía, especialmente en contextos de transición energética o mercados volátiles.

A ello se suma la infraestructura asociada al transporte del agua desalinizada. Las plantas suelen ubicarse en zonas costeras, lo que obliga a construir extensos sistemas de impulsión, tuberías de gran diámetro, estaciones de bombeo intermedias y reservorios a lo largo de decenas o incluso cientos de kilómetros hasta faenas ubicadas a gran altitud. Este sistema hidráulico incrementa significativamente el CAPEX inicial y eleva el OPEX debido al mantenimiento, la corrosión, las pérdidas de carga y la reposición de equipos críticos.

Desde el punto de vista operativo, el uso de agua desalinizada introduce complejidades químicas y metalúrgicas que muchas veces son subestimadas. El bajo contenido de minerales y su química particular pueden afectar la eficiencia de procesos como molienda, flotación y espesamiento, alterando la reología de pulpas, el consumo de reactivos y la recuperación metalúrgica. En algunos casos, es necesario remineralizar el agua, agregando sales específicas para estabilizar los procesos, lo que añade nuevos costos y etapas operativas.

Otro aspecto crítico es la gestión de la salmuera, subproducto inevitable del proceso de desalinización. Su descarga al mar requiere estrictos sistemas de dilución y monitoreo ambiental para evitar impactos en ecosistemas marinos. Estas exigencias regulatorias demandan estudios oceanográficos continuos, sistemas de difusión especializados y programas de seguimiento de largo plazo, incrementando los costos ambientales y el riesgo reputacional del proyecto.

En términos de confiabilidad operativa, la dependencia de una planta desalinizadora convierte al agua en un punto único de falla para la operación minera. Paradas no programadas por fallas mecánicas, ensuciamiento de membranas, eventos climáticos extremos o interrupciones energéticas pueden comprometer la continuidad de la producción, obligando a implementar sistemas de respaldo hídrico o planes de contingencia que incrementan la complejidad operativa.

Finalmente, aunque la desalinización reduce la presión sobre acuíferos continentales, no elimina el conflicto socioambiental, sino que lo traslada. La competencia por energía, la ocupación del borde costero, la percepción sobre impactos marinos y el alto costo del agua desalinizada pueden generar nuevas tensiones con comunidades, autoridades y otros sectores productivos, especialmente en escenarios de crecimiento simultáneo de múltiples proyectos mineros.

En conclusión, el uso de agua desalinizada en minería no es una solución universal ni exenta de trade-offs. Si bien representa una alternativa técnica viable frente a la escasez hídrica, su implementación implica costos ocultos, desafíos operativos y riesgos sistémicos que deben ser evaluados con rigor técnico y económico. Superar el enfoque simplista del discurso “verde” permite a la industria tomar decisiones más informadas, integrando la desalinización como parte de una estrategia hídrica integral, realista y sostenible en el largo plazo.

Fuente: Tecnología Minera

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