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Detalle de la Revista

Revista Tecnología Minera N° 75

Editorial



La Minería sorprende a las ciudades del país


Por: Ing. Isaac Ríos Quinteros
Las principales ciudades del país, sobre todo las capitales de departamento o regiones, se han visto sorprendidas por el desarrollo de nuevas mega operaciones mineras en su entorno, las mismas que han provoca el incremento de todos los servicios y actividades industriales y comerciales requeridos por la nueva minería. Así, este inesperado auge ha tomado por sorpresa a la población y a sus alcaldes locales y provinciales, por lo que no han podido marchar al mismo ritmo del avance de la minería, creando una situación de sobre población, saturación y el caos del transporte urbano, inmanejable en estas ciudades, que ni cuentan con planes de desarrollo urbano para la nueva situación creada por la minería.

Comencemos con Yanacocha, en Cajamarca, por ser la más antigua, pues esta operación inició como mediana minería a fines del siglo pasado, significando la mayor inversión minera después de décadas de falta de inversiones por problemas políticos o el terrorismo que imperaba en el país. Esta operación creció muy rápidamente hasta convertirse en una mega operación minera y la mayor productora de oro de américa, lo que fue el resultado de estudios y planeamiento de su permanente crecimiento. En contraste, la ciudad capital de Cajamarca dejó de ser la muy bonita y ordenada del antaño para convertirse en una ciudad desordenada, de calles estrechas para el mayor tráfico por el aumento de personal en el trabajo minero, de servicios de agua, desagüe y otros insuficientes para la mayor población, sin planes de desarrollo urbano ante la nueva minera.

Algo similar ocurrió en Huaraz, con la mega operación de Antamina, a principios del presente siglo, y que significó la mayor inversión minera a esa fecha en el país, la que cubrió la preparación de mina, la construcción de la planta y todas las instalaciones de la nueva operación, también la instalación de un mineroducto de 300 km, el puerto de Lobitos en Huarmey, una ciudad satélite para sus trabajadores cercana a Huaraz, asfaltado de carretera entre el puerto y la mina, y un excedente de 220 millones de dólares para el desarrollo de la región Ancash.

Nuevamente podemos repetir el caos de Arequipa con la ampliación de Cerro Verde, una de las mayores productoras de cobre del Perú, al punto que la empresa ha tenido que hacer obras e inversiones para dotar la creciente demanda de agua potable, así como el tratamiento de aguas servidas del río Chili, que ahora ya pueden ser usados por los agricultores aguas abajo de la ciudad de Arequipa, al tener agua descontaminada para su riego.

Como vemos, cada mega operación ha creado una fuerte alteración en las principales ciudades capitales de las regiones mineras, donde las autoridades se han visto sorprendidas y sin reacción para planificar el desarrollo de acuerdo al crecimiento de la población, no solo de trabajadores mineros, sino de la mano de obra de todos los servicios requeridos por la gran minería. No hubo visión ni profesionalismo de los alcaldes, ni entendieron el auge que llegaba a su población. Continuando con sus métodos y obras a la costumbre antigua, oponiéndose incluso a la minería por no tener argumentos para hacer bien su trabajo.

Pero todos estos cambios a consecuencia de la mayor actividad de la gran minería no solo recayeron en las ciudades de provincias, de las que solo hemos mencionado algunos, sino también en la gran Lima, la capital de la República, y que no tiene ningún mega proyecto minero en su entorno, pero donde las empresas mineras sí tienen sus oficinas principales de gerencias, logística y la administración del negocio minero. Lo mismo con los principales proveedores de equipos y servicios que requiere la gran minería. Es decir, una verdadera afluencia de pobladores empleados en estas nuevas actividades no consideradas en la marcha de la ciudad, que se ha visto arrinconada a las proyecciones planteadas por los alcaldes, siendo la parte visible la congestión del tráfico urbano, sin una visión del presente y menos del futuro de la ciudad, a pesar de que un solo alcalde gobernó la ciudad por tres periodos. Lima ha desmejorado en las últimas dos décadas

Esto nos demuestra que nuestras autoridades, especialmente nuestros alcaldes, no hacen previsiones ni proyecciones. Además, no hay un planeamiento urbano, menos una idea de lo que deben hacer. Más bien siguen con pequeñas obras que no solucionan los verdaderos problemas de la ciudad. Y, finalmente, ahora tenemos 21 candidatos, todos improvisados, sin idea como enfocar el bienestar citadino.

Contenido de la revista

Con la digitalización, estamos migrando a una nueva minería

Antamina: Una gigante de clase mundial

El impacto de la ventilación en la eficiencia energética

Potencia y efectividad en las labores de acarreo

El gemelo digital en la gestión de activos en minería

Redes eléctricas inteligentes para el sistema interconectado nacional

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