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Detalle de la Revista

Revista Tecnología Minera N° 74

Editorial



Necesitamos mejorar nuestro transporte, el de hoy peor no puede estar


Por: Ing. Isaac Ríos Quinteros
El sistema e infraestructura de trasporte en el Perú está totalmente opuesto a optimizar los precios de pasajes y fletes. El sistema que tenemos es lento, inseguro, contaminante, caro y con mucha informalidad, creando innecesariamente verdaderos cuellos de botella para el desarrollo del comercio y la industria nacional. Situación que nos saca de competencia frente a países vecinos que están mejor implementados en su infraestructura vial.

En todo el mundo, menos en el Perú, el medio de transporte principal está en el sistema ferroviario. En Chile, por ejemplo, sus líneas férreas tienen más de 8,00 km, en Bolivia 2,500, y en Perú ni siquiera llegamos a los 2,000 km. Esto a pesar que en la mitad del siglo XIX fuimos los pioneros en Sudamérica en la construcción de este tipo de sistemas, al construir las líneas de Mollendo a Arequipa, que se extendió a Cusco y Puno, y del Callao a La Oroya, con derivaciones en Huancayo, Huancavelica y Cerro de Pasco.

No obstante, desde aquellos tiempos no hemos vuelto a agregar ninguna línea férrea, salvo la Línea 1 del Metro y una línea férrea de Toquepala a Ilo, que es en realidad un esfuerzo de la empresa privada.

Así, hoy más bien nos encontramos batallando con el asfalto y la mejora de algunas carreteras como la Panamericana, con la que hacia el norte se llega a Barranca, y hacia el sur a Cañete en 300 km de una topografía suave. Pero si hablamos de carreteras de penetración de la costa a la sierra, la más congestionada, lenta, insegura y excesivamente cara es la Carretera Central, de solo 175 km del Callao a La Oroya y construida hace más de 100 años. La misma que para ser ampliada requiere de una fuerte inversión porque hay que cortar cerros para asegurar un ancho mínimo de 15 metros y radios de curva adecuados para camiones acoplados. Pero a la fecha su condición es precaria y solo para llegar a Chosica, en un tramo de 30 km, se debe superar un tráfico infernal a una velocidad promedio de 20 o 30 km/h. Peor no puede ser.
Esta situación nos indica que estamos apostando por vías de alto costo en cuanto a su construcción y mantenimiento. Y que solo nos brindan un flujo de trasporte lento de 30 km/h, de pequeña capacidad, 20 a 30 t/viaje, alta contaminación por la quema de combustibles y desgaste de neumáticos. Además de altos índices de accidentabilidad producto de la congestión vehicular. A lo que también se suma la gran informalidad que resulta en altos precios de los pasajes y fletes, con el consiguiente aumento del costo de transporte de cualquier carga, encareciendo innecesariamente la mercadería puesta en mercado o en el puerto si es de exportación.

Por el contrario, el transporte por vía férrea solo necesita un ancho de vía de 3.5 m frente a los 15 m de la doble vía en carreteras, reduciendo notablemente la inversión. De igual manera, el ferrocarril puede trasportar altos volúmenes de carga, mínimo 2,000 t/viaje. Logra, también, una mayor velocidad en su recorrido, alcanzando en promedio 80 km/h. Asimismo, tiene un bajo costo de mantenimiento, pues los rieles pueden durar centurias. Desde otro punto de vista, produce un impacto ambiental mínimo y casi nula accidentabilidad e informalidad. Por lo tanto, el transporte ferroviario es largamente mejor y más barato que el carretero, que es la niña de los ojos de técnicos y políticos que se olvidaron de las bondades de la ferroviaria.

Como anécdota, hace 20 años constaté en Corea del Sur que el flete de trasportar carbón en tren, por un tramo de 300 km, era de 5 $/t, mientras que de Oyón a Lima (200 km) en carretera y camión era de 30 $/t. Son diferentes países, diferentes realidades, pero la diferencia de una y otra modalidad nos debe llevar a profundizar estudios serios en nuestro sistema de transporte.

Como regla general, el transporte costero debe ser marítimo, como lo fue en la colonia. Ya que no se tenían carreteras de la costa norte a la costa sur, como la panamericana, por lo que el transporte de carga y pasajeros se hacía vía marítima, sin necesidad de puertos grandes.

En este caso, tenemos la vía existente: el mar, y solo necesitamos naves de menor calado y puertos como los de antes, dejando libres los principales puertos de exportación. Luego, habría que establecer líneas férreas de penetración de estos puertos menores al interior del país, donde necesitan transporte barato, seguro, ecológico y sin informalidad, llegando su producción a precios competitivos y no a especulativos de transporte, que los desplazan del mercado, matando la iniciativa de negocio.

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